La escritora Sofía Nayeli, de 18 años, ha recibido el XIV Premio Jordi Sierra i Fabra para jóvenes con “La Bestia”, una obra donde se mete en la piel de una joven guatemalteca que se sube a este tren de carga que lleva a muchos emigrantes latinoamericanos al llamado “sueño americano”.
En el siguiente artículo de El País podéis encontrar toda la información sobre el premio otorgado a Sofía:
Arrancamos este curso nuestro Plan Lector con la recomendación de La Bestia, de la joven escritora Sofía Nayeli Bazán. Sofía es hija de nuestra compañera Carmen Jiménez, del Departamento de Inglés.
Os dejo las primeras líneas del libro, con la intención de que comencéis una nueva aventura desde México y disfrutéis de esta novela, tanto como lo estoy haciendo yo:
“¿Qué va a llevar? Pulseritas al mejor precio. Compre tres y llévese una gratis. Pase aquí adelante. Pásele, pásele. Lo que guste, marchanta. Aquí solo bueno, bonito y barato. ¿Qué va a llevar? Pásele güerita”...
Llevo un mal día. No ha habido muchos turistas, no es temporada de vacaciones. Ya es entrada la tarde y solo he vendido seis pulseras, dos de las cuales me han comprado casi a la mitad de su precio original. Los locales saben bien que deben regatear y los turistas aprenden rápido; y, aunque signifique perder parte del dinero que necesito para comer, debo ajustar mis precios. Por muy poco dinero que me ofrezcan, debo aceptarlo, especialmente los días de malas ventas, en los que entre vender ninguna prefiero ganar algo para comprar pan.
La noche empieza a caer, y con ella llega la hora de recoger los puestos. Mis hermanos me ayudan a guardar las pulseras mientras que yo recojo el local. A lo largo de todo el mercado se bajan las carpas, se guarda la mercancía y se cuenta el dinero ganado.
Llevo a José en brazos, ya que apenas puede caminar. Es un bebé precioso, moreno como mis padres, y lo será aún más cuando sea mayor. María y Luis, los mellizos, que son más independientes, juegan pocos metros delante de mí. Se pelean por un balón desinflado. Los gritos de María me taladran los oídos, así que cuando ya no aguanto más, corro a separarlos. Les limpio los moquillos con la manga de mi camiseta antes de que les escurran por la nariz. Ambos van vestidos con unos pantalones rotos y una camiseta de segunda mano. La que lleva puesta María era mía, y me trae muchos recuerdos porque era mi favorita. La usé durante muchos años, hasta que fue tan pequeña que no me entraba por la cabeza.
Cuando llego a la casa, y después de acostar al pequeño José en su cuna, me dirijo hacia donde está mi madre, una pobre señora envejecida prematuramente. Con cierto temor le anunció las ventas del día, menos que de costumbre. Ella se lleva las manos a la cara, tal vez para ocultar las gruesas lágrimas que recorren sus mejillas morenas. Lleva el pelo, negro y grueso, recogido en una larga trenza que le cae por la espalda, y tiene unas profundas ojeras alrededor de sus pequeños ojos color café, señal de no haber descansado apenas, marca de haberse desgastado haciendo pulseras hasta las tantas de la noche. Le pido perdón por no haber vendido más. Yo no puedo hacer nada, pero no puedo evitar sentirme culpable. Ella trabaja día y noche, se mata haciendo pulseras a mano, y yo no consigo venderlas, cualquiera que sea la razón...
Ante esta lamentable situación en la que se encuentra Andrea y su familia, nuestra protagonista decide arriesgar su vida y subirse a La Bestia, el gigante de hierro que conduce a cientos de migrantes hacia un sueño, hacia una posible vida mejor.
“No he contemplado escena más desgarradora en toda mi vida. A decir verdad, nunca había sufrido tanto como estoy sufriendo ahora.
Suenan los silbatos y empieza la acción. El tren se pone en marcha tras escuchar la señal. Inmediatamente después salen corriendo hordas de gente; alrededor de quinientas personas buscan alcanzar el tren. La multitud corre al ritmo del gigante de hierro, gastando todas sus fuerzas en subir al techo de alguno de los cincuenta vagones. El ambiente está repleto de gritos de desesperación. Los primeros en subir son los más valientes; les toca tantear el terreno. Suben por las escalerillas de los vagones, o por algún saliente que haya. Ya se han subido algunos cuando el tren decide atacar. Y entonces empieza la masacre.
Cae la primera víctima bajo las fauces del “monstruo de hierro”, un hombre de mediana edad. Corre a la par del tren, pero al momento de intentar subir, la inercia que generan las ruedas lo succiona cortándole la pierna derecha, implacable.
El libro La bestia ha sido editado por SM.

1 comentario:
Muchas felicidades por el premio, tiene muy buena pinta.
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