Alicia Hernández, la murciana que viste a las celebrities.
A Dolores Promesas, cuando aún no se llamaba así, su madre le puso por nombre Alicia. Poco más hizo por ella, la verdad, porque decidió un día marcharse. Así que junto a su padre, la pequeña Alicia se trasladó a Cádiz, a un pueblito costero donde vivían sus abuelos. Allí creció en la mercería que regentaba su abuelo, entre botones, retales y madejas de lana. Alicia, de apellido Hernández, fue una niña feliz.
Cumplidos los 18 años decidió marchar a Madrid. La ciudad la fasci-nó e hizo tan rápido amistades como tuvo que abandonarlas para regresar a Cádiz. Sin embargo, su corazón se quedó en la capital, a donde pronto regresaría.
Allí conoció a Thomas, un representante de una firma de ropa con quien se casó. Y mientras estaba de luna de miel en Grecia, la abuela Dolores falleció. Fue entonces cuando, en su homenaje, deci-dió llamarse como ella y llevar siempre una flor en el pelo, como las que ella le colocaba.
Dolores Promesas comenzó a diseñar prendas tras una visita a la antigua mercería de los abuelos, de donde rescató algunos materia-les. Y tras muchos ensayos y no poco esfuerzo comenzó a dar forma a su popular firma de ropa. La abuela se hubiera sentido muy orgullo-sa de aquella pequeña nieta que terminó vistiendo con clase a tantas mujeres alrededor del mundo.
Murcia, 1973.
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